¿Les he contado que en una ocasión me asaltaron con una pistola en el pecho? Iba en la micro, de vuelta del Liceo, cuando un muchacho sentado a mi lado comenzó a insistir en que me conocía. Le dije que no, pero soy tan poco avispado que le terminé creyendo un 80% del chamullo. Iba a preguntarle si era un amigo de la básica, de la media, o del grupo de scouts (donde nunca pase de ser lobato), cuando abrió su chaqueta de cuero y me apuntó con un revólver.
- Entrega el reloj – me dijo
- ¿El reloj? ¡pero si me lo regalo mi tío! – respondí, sin saber que chitas estaba diciendo.
- Entrega el reloj antes que te perfore el pulmón.
Mire mi reloj con un poco de pena. Estaba bien destartalado y viejo, me lo sacaba solo para bañarme, y mostraba orgulloso mi muñeca blanquísima, que estaba en la estúpida lista de “cosas que impresionan a las minas” que nunca me resultó. Le pase la cuestioncita y le hable de Jesús, poniéndole demasiado énfasis en las penas del infierno.
Recordé este mismo hecho el día que estaba sentado en la micro 19S, camino a Port Credit, donde aseaba una oficina de correos en Mississauga, Canadá. Subieron unos negros de mal aspecto y se sentaron cerca de mí. Hice lo mismo que en la 105 que tomaba desde General Velásquez con Alameda: Me puse serio, mirando al frente, pensando en las cosas que odiaba (la luz directa del sol en pleno verano, el bistec de panita, Longueira y Novoa, “Alerta Maxima”, etc) y luego me di cuenta que los muchachos ni me pescaban. Y con el tiempo comprendería que sus pintas no asustaban a nadie. Porque después de meses, vi muchachos con trajes formales y peinados a lo “Tito el Bambino” (no confundir con “Tito Beltrán, el busca-Bambinas”), siendo respetados en bancos y malls igual que un rubio pintoso o una elegante morena con pestañeos lentos, caminar delicado y voz de azafata francesa a quienes siempre se les abren las puertas.

... Y el año fue así: peleé por mi visa dos veces, abordé un avión con miles de contratiempos, conocí a mi querida familia canadiense, trabajé y estudié, conocí al amor de mi vida y me comprometí con ella, leí mucho el diario, vi mucha televisión, practique lo mejor que pude mi inglés, estuve con los indios Sioux, visité la CN Tower y pisé el suelo de vidrio, tomé café como condenado, aprendí un oficio nuevo, estuve en las Cataratas del Niágara, me perdí en las micros un montón de veces, y viví la experiencia de estar lejos de mi casa por siete meses…. Mi vida cambió, damas y caballeros. Jerry_Kane conoció parte de este bello lugar llamado el mundo que nunca imagino seria realidad. Esperando que no se aburran… Bienvenidos